Palabra de Covey

La palabra “Líder” es un término de relativa reciente incorporación al lenguaje habitual empresarial y de RRHH. Nos hemos hartado a leer libros, a asistir a seminarios, a hablar de ello en nuestro entorno laboral. No estabas en el mundo empresarial si no hablabas en esos términos. “Palabra de Covey”!

Ser líder es una actitud, diría que casi innata, no un aprendizaje o el resultado de una formación mas o menos extensa. Quizás podría llegar a serlo alguien de dilatada experiencia y una mente llena de sentido común. Las menos.

Es cierto que, como ocurre en todo lo novedoso o lo que supone un boom o una moda, con el término en cuestión nos hemos “pasado de rosca” y hemos perdido el verdadero y sobretodo eficaz sentido de ser un líder y todo lo ello que supone. Ahora resulta que debemos ser padres, hermanos, padrinos y protectores de las personas que forman el equipo que dirigimos. Más allá de objetivos, balances, trabajo en equipo, gestión de procesos, control de calidad, etc etc…

Una cosa es ser empático y otra ser condescendiente. Un directivo puede ser empático, debe ser humano en cuanto a valores, nunca condescendiente ni compasivo. El sector, la economía no lo son! La crisis se encarga de recordárnoslo cada día en un entorno de mercado hostil, altamente competitivo y en la cultura del “me too”. Poco puede hacer la motivación cuando se acaba en el paro y se acumulan las facturas. Se regalan oportunidades, la motivación por favor en la ducha con el agua y el jabón.

Creo firmemente en que las personas son el mayor valor de una empresa, el paradigma, la clave y el secreto a voces. Pero por favor, no intentemos justificar una mala selección de personal, un error nuestro bajo el paraguas de técnicas de liderazgo de algodón de azúcar.

En una organización hay que ser sobretodo efectivo, y eficiente, resolutivo e impaciente con los resultados, claro con los objetivos y rápido con las decisiones. Así que a veces hay que asumir el error, hacer uso de nuestra responsabilidad, evaluar la situación, decidir y actuar sin demora.

Y así, es casi imperdonable; dar el pretexto perfecto al que justifica su desmotivación en el mal liderazgo del directivo de turno; la posibilidad de que encuentre al “supuesto líder “que le encaje, le comprenda, le ponga un hombro para llorar y le invite a un café, kleenex en mano.

Una ONG sería otra cosa claro, así son las modas, caprichosas y efímeras. Ánimo de lucro.

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